domingo, 24 de julio de 2011

Musica...

El perfume es música, también lo es la belleza, y una sonrisa y hasta una mirada traducen sus notas en música. Es idioma de sueños vividos, es expresión sincera y es dicha. Unas manos son música si tienen eco en manos amadas. Un paso es música, mas sólo si es silencioso. Las palabras son música y hasta las estrellas son danzantes de la música de unos versos al mar recitados. Las piedras se engendran en música y también lo hacen las olas. Las náyades componen sinfonías y las pasiones son ese germen de que es vástaga esa gran inspiración que algún dormido llamó música. Todo es cadencia y todo es armonía, todo es onda celeste y todo es cielo, todo es maremoto, todo es huracán: todo es música. La música levanta al dormido y adormece al despierto. La música multiplica los deseos y aniquila los estruendos. Estridente compuso el necio y el sabio creó a la Música. Durante siglos la buscaron y durante eternidades la compusieron. Todo lo dicho lo dijo ella y todo lo que nos queda por decir nacerá antes de su tela.
Cuando el joven se sienta delante del piano, son muchas las posibilidades que advierte. Está solo, delante de esa partida de ajedrez. Mira a la reina y asiente. Algo hay en su semblante que le contenta. Cierra un instante los ojos y se concentra. Mil violines reunidos para el artista. También vino un cello en su carruaje y el piano siempre estuvo allí. Se observan. Nadie dice nada, pero todos lo saben. Tocarán la pieza perfecta, el maestro está preparado y las cuerdas afinadas.
Alguien comparó la música a las matemáticas. Tal vez, sólo tal vez, fue el mismo necio que decidió encontrarle definición e introducirla en el diccionario. No se puede hacer ciencia de aquello que no es materia, no se puede intentar comprender aquello para lo que se nace ciego. Apaguen sus bocas y déjennos flotar en paz.

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